VINCULO
III . El Templo
"Jugamos en los patios de mi alma
paseándonos en rincones negros de mi
buscando a tientas luces que no..."
Ella fue a su encuentro, su belleza era
tal que atraía las miradas de todos los que cerca estaban. Ya no había miedo en
los pobladores, pues ella era la digna reina de Ío.
Ahí estaba él, sonriendo mientras la
esperaba; miro su rostro, con una sonrisa dibujada, los ojos radiantes; las
palabras sobraban pues no había nada que decir, tomo su mano enlazo suavemente sus dedos, su
tacto era cálido, terso, delicado, firme, seguro.
Caminaron por el pueblo, cerca del
bosque, en la plaza, el templo, los valles; camino a su lado respondiendo sus
preguntas, escuchando siempre atento; la llevo a lugares donde había ido hace
años, caminando juntos por la galería de sus recuerdos y en ella se perdieron.
Recorrió
lentamente la cicatriz que cruzaba su pecho, con el corazón encogido, escucho
su relato. Juro protegerla de todo el daño que pudiera, juro por su sangre y
sus dones que estaría siempre a salvo, siempre feliz.
Y para sellar ese juramento, un nuevo
templo comenzó a alzarse, un templo de un dios ajeno, lo mando hacer más alto y
más radiante que el templo que el adoraba.

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